Oswaldo Ruiz
2025
72 páginas
14 x 19 cm
Estas fotografías fueron realizadas con el apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, a través del Sistema Nacional de Creadores de Arte 2023 - 2026.
Agradecimientos
Armando Aispuro, Pablo Arredondo Vera,
Francisca Aninat, Gustavo Arenas,
Diego Ballesteros, Allen Blevins,
Daniel Bolívar, Monserrat Buitimea Vázquez,Fidel Camacho, Alejandro Cruz Atienza, Primo Díaz Cantúa, Agustín Estrada,Steven Firenze, Dave Holtzman,
Atalio Jusacamea, Ricardo (Neto) Lagos,
Jorge Larraín, Martha Latapí, Araceli Limón,Leonardo López Luján, Fernanda López Quilodran,Germán Martínez, Jesús Meneses, Emiliano Monge, Alfonso Santiago, Jennifer Sudul Edwards, Betsy Rosen, Alejandra Villar Marín, Mónica Villegas.
Amigos del Parque El Tepeyac y de Tola A. C.,Bodegón cultural Los Vilos, Fundación MARSO, McColl Center, SACPC.
Texto leído por Vesta Mónica Herrerías
durante la presentación del libro en Exit Librería en diciembre de 2023
Piedra que habla. Sin lomo, sin folios, sin el cocido o pegamento de una encuadernación convencional. Piedra que habla, es un libro peculiar. Peculiar porque es un libro que rompe con la idea y definición tradicional en torno a las partes que aceptamos como inamovibles del libro. Cuando interactuamos con un libro, no nos preguntamos porqué sus páginas están cosidas o pegadas, ni la razón por la que sus páginas están numeradas y mucho menos y en primer lugar sobre el orden y despliegue de su contenido en la puesta en página. Aceptamos que hay ciertos elementos necesarios e inalterables para que el libro sea un libro y que tanto la paginación, las decisiones de edición y puesta en página son guías de contención y de sentido del contenido. No nos nace el impuso por alterar el encuadernado porque implicaría deshojar y por lo tanto destruir el libro. Tampoco nos estorba o incomoda el folio ni la puesta en página en primera instancia porque se intuye que ahí radica parte del sentido, que por dicha disposición y orden también transitan las claves para comprender el mensaje. Y sin duda, el punto de vista del autor.
Al final, al libro, lo recibimos como un todo, terminado e inalterable.
Sin embargo, Piedra que habla, está concebido distinto. Es un fotolibro que te exige más que otros. De inmediato se descubre que para entenderlo no es suficiente hojearlo en el sentido convencional. A nosotros los receptores y espectadores nos desafía en varios frentes. En primer lugar, te invita a deshojarlo, a desarmarlo. A rearmarlo, a palparlo distinto, a jugar con las posibilidades que te brindan las imágenes al tenerlas en páginas sueltas, sin folio, sin pies de foto, sin guías preestablecidas. Confirmas rápidamente que existen múltiples opciones de interconectar, yuxtaponer o relacionar los petroglifos. Incluso es un libro que por su flexibilidad lo hace transformable a dos dimensiones en cuanto se extiende. Puede ser a partir de una doble página con una imagen o con doblespáginas con imágenes más pequeñas, desde el frente, por detrás, en fin, posibilidades varias para que cada uno construya su narrativa y sentido con intuición, sin perder de vista el conjunto, ya sea a través de registros de contacto directo con las texturas de la piedra a través de los close-ups o del paisaje desde una lente más distante.
Los petroglifos de Piedra que habla, no estaban destinados a convertirse en un libro. Oswaldo comenzó este proyecto, sin saber que terminaría impreso. La selección que ahora lo conforma nace a partir de una selección de entre 700 imágenes de petroglifos que comenzó a fotografiar en el año 2017. Sin otras pretensiones que la de generar una especie de bitácora con apuntes foto arquelógicos , Oswlado, sin quizá tenerlo muy consiente, fue nutriendo una cuerpo de imágenes que sin duda, desde su pasividad en el archivo, ya estaban dialogando.
Entre las imágenes de petroglifos de Piedra que habla, encontrarán algunas fotografías de grafitis “contemporáneos” que en la línea del tiempo, nos recuerdan, que el tallado de una carita o un corazón en la pared con las letras con los nombres de una pareja de enamorados, o unos trazos con aerosol son también manifestación de algunos de los impulsos compartidos que al final buscan comunicar y dejar una huella. Y si nos sintonizamos en paralelo con el acto fotográfico, también se suma al impulso de decir: “yo estuve ahí”.
Celebro la presencia de estás imágenes con ejemplos actuales, ya que además de funcionar como “puentes” para interconectar los primeros reflejos de escritura que datan de alrededor 12, 000 años entre distintas épocas y geografías (en el continente americano), nos aterrizan en el presente y nos activa una serie de cuestionamientos que impiden catalogar a los petroglifos como tema del pasado, y nos trasladan al escenario presente y a pensar en los petroglifos y su continuidad desde otras perspectivas.
La multi lectura que te ofrece este libro se enmarca de manera natural con el trabajo artístico de Oswaldo, que avanza en diferentes direcciones, y cuyas búsquedas fotográficas, son parte de un proceso, de un proyecto de investigación y búsqueda más amplio y abierto donde todo sus puntos de interés se relacionan desde diferentes aristas en torno al paisaje, la relación del ser humano “urbanizado” con la naturaleza, espacios públicos, carreteras, ruinas, los estragos del capitalismo en prácticas extractivistas.
Este testimonio, este libro, es una pieza dentro del gran rompecabezas que Oswaldo ha ido creando a través de los años. Oswaldo sin duda al reunir aquí petroglifos de diferentes países y épocas, ( en cuyo forro tenemos las pistas en 9 imágenes de los lugares visitados y de las grandes distancias recorridas) busca que la experiencia visual que te brinda el conjunto provoque que cada quien encuentre sus propias conexiones visuales de entre los potentes grabados y dibujos para poner en diálogo a las imágenes. También, a buscar respuestas posibles, antes las preguntas que naturalmente surgen frente a estás imágenes grabados rupestres que te cuestionan con toda su fuerza y esplendor.
Y para terminar quisiera decir que sin duda, Piedra que habla es un libro que te empuja a la acción: a jugar con su páginas, a convertirte en un especie de editor, y como lo fue Oswaldo en su momento, también en un arqueólogo en busca de sentido. Quiero agradecerle a Oswaldo y a Alfonso este libro pues gracias a la magia de la fotografía, al ojo de Oswaldo, a la curiosidad de un editor, henos aquí reunidos para celebrar la magia de los petroglifos que se renuevan en cuanto se les mira.